La vida es un constante juego de paradojas, donde el deseo y su ausencia coexisten de manera intrincada. A menudo, se perciben como fuerzas opuestas, pero en realidad, forman parte de un todo más grande y armónico. Este equilibrio es esencial para nuestro crecimiento personal y espiritual.
El deseo es un impulso fundamental que nos motiva a buscar estados más plenos y satisfactorios. Sin él, careceríamos del motor que impulsa nuestra evolución. Sin embargo, cuando el deseo se torna urgente y tenso, se convierte en un obstáculo. Este tipo de deseo refleja una falta de fe en nuestras capacidades y en el universo que nos rodea.
Por otro lado, la ausencia de deseo no significa indiferencia. Más bien, es una expresión de confianza en que podemos obtener lo que deseamos, aunque no sea de inmediato. Es la capacidad de esperar pacientemente, tolerando la frustración temporal, seguros de que el universo es benevolente y nos proporcionará lo que necesitamos.
El secreto está en encontrar el punto medio: un deseo saludable, acompañado de una ausencia de deseo que nos permita mantener la calma y la confianza. Este equilibrio nos permite afrontar la vida con una actitud más abierta y receptiva, dejando que el universo se exprese a través de nosotros.
Así, el deseo y su ausencia dejan de ser fuerzas antagónicas y se convierten en complementarias. Nos enseñan a involucrarnos sin aferrarnos, a actuar con propósito, pero también a esperar pasivamente cuando es necesario. En este delicado equilibrio reside la verdadera belleza de la vida.
Al trabajar en nuestra capacidad de equilibrar estos aspectos, no solo nos acercamos a una mejor versión de nosotros mismos, sino que también permitimos que nuestra energía vital florezca plenamente. En este proceso, el niño interior destructivo no es eliminado, sino transformado en una fuerza positiva y constructiva.
En última instancia, este viaje hacia la integración de deseos y no deseos es un camino hacia la paz interior y la realización personal. Que cada uno de nosotros encuentre su equilibrio en este hermoso juego de paradojas.
Olga Tanaka B