El Pathwork

Las enseñanzas del Pathwork fueron canalizadas por una entidad conocida como “El Guía”, quien a través Eva Pierrakos, presentó una serie de 258 conferencias que incluyen temas de naturaleza psicológica y espiritual, las cuales integran el conocimiento y las bases de esta metodología.

En sus inicios, en el año de 1957, las Conferencias del Guía fueron estudiadas por un pequeño grupo de amigos en la ciudad de Nueva York (NY) y 15 años después, debido al creciente número de personas que se mostraron entusiasmadas y atraídas por este camino de auto-transformación, se fundó el primer centro de estudios del Pathwork cerca de Phoenicia, NY. En la actualidad, esta metodología se estudia y practica en diversos lugares del mundo.

Historia de Eva

El origen del Pathwork está ligado a la experiencia de vida de Eva Pierrakos, quien nació en 1915 en Viena y fue hija del famoso novelista Austriaco Jakob Wasserman. En 1952 descubrió que tenía el don de acceder a una voz interior que se manifestaba a través de la escritura automática y, después de años de entrenamiento, mediante el estado de trance. Esta voz conocida como “El Guía”, canalizó su sabiduría en las 258 Conferencias.

En el prefacio del manuscrito “El camino hacia el Ser Real”, Eva narra la manera en que fue conducida por las enseñanzas de esa voz amorosa y conocedora de la naturaleza humana:

Este guía me dirigió hacia lo profundo de mi personalidad, señalando los bloqueos y problemas que no había visto antes. Esto duró muchos años y era el equivalente a un análisis profundo. También, me señaló que […]ésta era una forma de vida, deseable para cualquiera que quisiera vivir plenamente y sería esencial que, algún día, mi don beneficiara a otros.

Tiempo después, el arduo trabajo de Eva se complementaría con el de su esposo, Dr. John Pierrakos, psiquiatra y co-fundador con Alexander Lowen de la terapia Bioenergética, y quien introdujo el elemento Core Energética a la práctica del Pathwork.

Eva murió en 1979 dejando el legado de este profundo camino de auto-conocimiento y auto-transformación.

Eva

Guía

Acerca del Guía

El Guía nunca se identificó por nombre, género o de cualquier otra manera. Puso todo el énfasis en el material canalizado y nunca en su fuente.

“Quiero pedirles, amigos míos, que no se detengan mucho a pensar en el fenómeno de esta forma de comunicación. Lo único que importa entender al principio de una empresa como ésta es que existen realidades que ustedes aún no han explorado ni experimentado, y sobre las que, en el mejor de los casos, sólo pueden aventurar una teoría… Recuerden, sin embargo, que esta voz no expresa la mente consciente del instrumento humano a través del cual les hablo. Además, tomen en consideración que cada personalidad humana tiene una profundidad de la que tal vez no se haya percatado. En esos niveles de profundidad, todos poseen los medios para trascender los estrechos límites de su personalidad y acceder a otros reinos y entidades dotadas de un conocimiento más amplio y más profundo”

El Guía Conferencia. 204

Prefacio de “El camino al Ser Real”

Conoce la experiencia de vida de Eva Pierrakos en el prefacio “El camino al Ser Real” escrito en 1965, en él comparte con el lector el descubrimiento de su don, su entrenamiento y la manera en que se fue consolidando el Pathwork.


Descubrimiento del don.

En agosto de 1952, en una hermosa noche de luna, durante una visita a Suiza, estaba sentada en mi cuarto, mientras recargaba los codos sobre la mesa y mis manos en la cabeza, pensando – quizá meditando – aunque no sabía mucho sobre meditación en ese entonces. Poco tiempo antes de esa noche, me habían presentado a un grupo en Zúrich que estaba interesado por los fenómenos psíquicos y espirituales. Me acerqué a esta área, muy nueva para mí, llena de escepticismo.

Definitivamente yo no era una “buscadora”. Era muy feliz con mi vida personal, de hecho mis amigos más cercanos con frecuencia me acusaron de ser demasiado superficial, preocupada por el lado más trivial de la vida.

136269321En algunas ocasiones participé en las actividades psíquicas del grupo y asistía a sus reuniones, pero consideraba todo esto sólo como un entretenimiento. Siempre traté de tener una mente abierta, así que algunas observaciones y experiencias me dejaron pensativa. Empecé a preguntarme sobre ciertos aspectos que me eran conflictivos, sobre un mundo muy nuevo. ¿Realmente existía? Siempre había creído en una inteligencia superior, pero esta creencia no tenía más consecuencias para mí. No pensaba en este tema ni se me ocurría que esta convicción conllevaría a futuros cuestionamientos importantes, hasta que contacté al grupo de Suiza.

Esa noche, por primera vez en mi vida, sentí una fuerte presencia y un sentido de la realidad de Dios. Sólo una cosa me molestaba: mi mano derecha empezó a dolerme ¿Qué podría ser? Parecía reumatismo. Llegó de repente y me impedía disfrutar otras bellas experiencias. Mi mano se volvió muy pesada, tanto que no podía levantar el brazo para recargar la cabeza. Me di por vencida y simplemente dejé que mi brazo cayera sobre la mesa esperando que la tensión disminuyera.

De manera repentina, mi mano hizo un movimiento contra mi voluntad, deslizó los dedos sobre el mantel como si fuera a escribir. Tomé papel y lápiz… y el lápiz empezó a escribir. No era yo. Yo no tenía nada que decir al respecto. Primero, se dibujaron sólo líneas rectas y diagonales a lo largo del papel. Después, cada trazo empezaba con mi nombre y terminaba en línea diagonal hacia arriba, una y otra vez. Mi corazón latía, era una experiencia extraordinaria. Para entonces, ya había oído de tal fenómeno que era conocido como “escritura automática”, pero… ¿Por qué me sucedía a mí?, ¿por qué a mí entre todas las personas?, ¿qué dirían mis amigos? Pensarían que estaba loca. “Esto es fascinante”, pensé. El sólo hecho de que algo se realizara fuera de mi control inmediato, parecía algo increíble. Me brindó un sentimiento muy peculiar y en ningún momento dudé de mi salud mental y, todavía más, me divertía la idea de que algunos de mis amigos lo pensaran. Sentía curiosidad, a cualquier costo, de saber qué más escribiría mi mano. Esa noche, sin embargo, no pasó nada más.

El entrenamiento de los dones psíquicos


Al día siguiente visité a una amiga que estaba muy familiarizada con estos fenómenos. Cuando le conté lo sucedido, lo tomó con naturalidad. Me advirtió no practicar nunca sola, ya que la fascinación con el fenómeno lo lleva a uno tan profundamente que puede perder el sentido de la realidad y no usar el sentido común – ambos de suma necesidad en el entrenamiento de los dones psíquicos. Al principio, las transmisiones ocurren en muchos niveles: algunos son banales, a menudo no verdaderos, ocasionalmente chistosos y con frecuencia confusos. Son una mezcla de sabiduría profunda y de manifestaciones que resultan interesantes sólo desde un punto de vista fenomenológico.

Esta clase de conglomerado requiere de un escepticismo sano, una mente abierta, experiencia y conocimiento en este campo, así como desapego e inteligencia. Al principio es muy fácil perder el sentido de la proporción, dejarse llevar, sucumbir al elogio y al pensamiento nostálgico. Mi amiga ofreció reunirse conmigo de manera regular y de forma ordenada, aproximadamente durante una hora y me advirtió no acceder a ninguna demanda irracional que me llegara durante la escritura. Estuve de acuerdo con sus sugerencias y esperaba ansiosa las sesiones. Era un pasatiempo excitante, más que ir a las conferencias para presenciar fenómenos producidos por otros. Pero, a ciencia cierta, no tenía idea que mi trabajo de vida resultaría de esto.

Me llevó mucho tiempo entender que se requería de años de arduo trabajo: entrenamiento, auto-desarrollo, profunda auto-confrontación, así como prueba y error, antes de adquirir un nivel de comunicación que tuviera sentido y fuera constructivo. Había muchos atrasos, muchas tentaciones que superar. Tal vez fue bueno que ignorara las dificultades de este desarrollo en un principio, pues si me hubiera dado cuenta de ellas habría evitado continuar con mayor profundidad y más allá.

Las primeras diez sesiones con mi amiga fueron infructuosas, no resultó ninguna escritura inteligible –sólo rayones, como de niño pequeño. Más adelante aparecieron notas musicales (Yo no toco ningún instrumento, ni soy particularmente musical). Las líneas fueron dibujadas tan derechas como si hubieran sido trazadas con regla. Después de las primeras 10 sesiones aparecieron varios tipos de caligrafías, todas diferentes: algunas derechas, otras inclinadas, unas más rápidas de lo que cualquier escritura pudiera ser, otras extremadamente lentas y laboriosas.

El Guía se manifiesta


Entonces, en un momento dado, se manifestó un tipo de escritura distinta en carácter a todas las demás, así como en énfasis y en los sentimientos que inducía. Tenía una autoridad calmada en cierto modo. No titubeaba. Obviamente, sabía de lo que estaba hablando. Hacía afirmaciones de increíble lucidez y sabiduría. Se concentraba siempre en el desarrollo interno y se rehusaba a conversar sobre fenómenos llamativos. Nunca insistía en la obediencia, sino que aconsejaba calmadamente, tampoco tomaba decisiones por los demás, sino que ayudaba a tomar decisiones por uno mismo. Tenía el increíble don de señalar la verdad dolorosa o nada agradable sin lastimar, sino elevando el espíritu al mismo tiempo.

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Esta voz (lo que fuera o quien fuera) poseía mayor sabiduría que ninguna otra con la que yo me hubiera encontrado antes. Guiaba y enseñaba, nunca poseía. Me enseñó muchas, muchas cosas por ejemplo, que hay un mundo de diferencia entre cultivar los poderes psíquicos que pueden guiar a la posesión y el cultivo de los dones espirituales. Este último significaba que yo siempre debía ser quien determinara el tiempo, lugar y frecuencia de las sesiones: debía consultar el sentido común, mi propia inteligencia. Me previno contra la creencia ciega, sobre todo enfatizó la importancia de mi propio e incesante proceso y desarrollo personal, sin el que el canal no podría ser lo que se suponía debía llegar a ser.

Gradual y continuamente, este guía me dirigió hacia lo profundo de mi personalidad, señalando los bloqueos y problemas que no había visto antes. Esto duró muchos años y era el equivalente a un análisis profundo. También, me indicó que este tratamiento no era de una sola vez para remover los síntomas, sino que era una forma de vida, deseable para cualquiera que quisiera vivir plenamente y sería esencial que, algún día, mi don beneficiara a otros.

Además de mi desarrollo psicológico y espiritual, lo que había aprendido podría compararse con el currículum de cualquier entrenamiento académico, tanto en calidad como en cantidad. Aprendí acerca de la forma en que funcionan las leyes espirituales cuando se contactan con poderes más altos. A menudo, esto resultaba extremadamente difícil. La única manera en que tantas facetas podían aprenderse, era a través de la experiencia, mediante ensayo y error. Tuve que aprender el arte de la concentración y desarrollar una enorme paciencia y perseverancia.

El entrenamiento tenía dos distintas facetas: el desarrollo personal y el psicológico. Ir a las profundidades personales de mis áreas escondidas y un acercamiento más bien técnico del fenómeno mismo. Había un equilibrio entre los dos: a veces se me aconsejaba sólo concentrarme en mi desarrollo personal hasta que alcanzara a la parte más técnica de mi entrenamiento.

El punto decisivo


Finalmente llegué a un punto en el que tenía que decidir: tomar esto con mayor seriedad o sólo considerarlo como un juego ¿un pasatiempo? En este último caso, sería mejor dejarlo de inmediato, sin embargo estaba claro que era un asunto serio como para jugar con él. Si me decidía por la primera alternativa, tenía que tomar una decisión total y desde el corazón, sabiendo lo que implicaba. No era fácil. Además de la enorme cantidad de tiempo y esfuerzo que este extenso entrenamiento consumía, significaba abandonar mi profesión de la danza que tanto amaba y de la cual vivía bastante bien. También, la objeción ya mencionada: mi grupo de amigos era más bien “mundano”, “sofisticado”, totalmente apartados de estas ideas. Mi familia inmediata no sería nada empática, tolerante quizá. Debía tomar la decisión sin forzarla, sin siquiera pedir consejo al respecto. Todo me indicaba que tenía que hacerlo desde el corazón y que si decidía tomar este trabajo en serio, debían desaparecer muchos obstáculos. Por supuesto, pedí inspiración y guía interior para hacer la voluntad de Dios.

Me tomó días. Hubo momentos de pesadumbre en los que estaba convencida que yo no tenía nada que ver “con esta clase de cosas”, otros en los que me di cuenta o presentía vagamente cuánta ayuda podría dar a otros y que un don como este era una gracia. Era difícil y necesario un tiempo de soledad. Al final, plenamente y de todo corazón, decidí continuar. Nunca lo he lamentado. Cada partícula de mi ser sabía que había tomado la decisión correcta desde ese momento y hasta ahora.

Recibí guía y los obstáculos para continuar mi camino fueron removidos. Cada detalle que parecía interponerse, simplemente desaparecía. Funcionó de la manera más maravillosa. Esto no quiere decir que no tenía que trabajar, decidir, esperar, entrenar, cometer errores, etc… Simplemente significaba que nada se interponía hacia el cumplimiento de lo que entonces me di cuenta, era mi destino.

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Después que tomé la decisión, todo empezó en serio. Aparte de mi desarrollo personal y lo que bien podría llamarse análisis, continuó la escritura automática. En ocasiones la velocidad de la escritura estaba más allá de la capacidad humana. Había sesiones en las que se escribían ¡80 páginas en una hora! Más aún, ya que mi escritura es ilegible, había adquirido el hábito de mecanografiar mis cartas, así que no estaba acostumbrada a escribir a mano. Sentía un calambre en la mano cuando escribía unas cuantas líneas en una postal. Bien, durante la escritura automática, mi mano no me lastimaba para nada y después sentía ¡como si hubiera descansado!

Las diferentes personalidades, pertenecientes a las diferentes escrituras, de forma gradual cesaron de manifestarse. La escritura se volvió más y más la manifestación de un guía en particular, paralelo al paso de mi desarrollo personal. Si este último se quedaba atrás, las manifestaciones de la escritura podrían ser problemáticas, confusas, no interesantes o insignificantes. Lo más importante siempre era expresar el pensamiento e intentar usar este canal exclusivamente para el bien, para ayudar a las personas de acuerdo a la voluntad de Dios y para mantener mis motivaciones limpias de cualquier impureza.

El estado de trance


Un día me dijeron que esta información podría transmitirse de una manera mucho más adecuada que a través de la escritura automática, en estado de trance. “Imposible”, dije. “No, no es imposible”, me dijeron. Simplemente tomaría tiempo y esfuerzo. Una vez más, tuve que tomar una decisión total. Requirió valor “permitirme entrar a un estado de trance”, por lo menos al principio no creí que fuera posible. En todo caso, estaba en entrenamiento. ¡Debía concentrarme en no pensar en nada! Esto suena mucho más fácil de lo que es en realidad. Me fue dado consejo, sugerencias y ayuda, primero mediante la escritura y después a través de una voz interna de inspiración. Nunca había oído de alguno de estos métodos. Más adelante, unos amigos conocedores, me dijeron que son antiguos y usados en yoga. ¿Cómo llegué a este conocimiento? No había oído ni leído nada de estas cosas, tampoco de ninguna de las ideas filosóficas o psicológicas postuladas en las enseñanzas que recibí.

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Durante año y medio tuve sesiones regulares con ejercicios de concentración. Nada sucedía. Estaba tanto en el “aquí” que me parecía imposible. Entonces, un día, cuando menos lo esperaba, ¡sucedió! Fue la sensación más extraña, nada parecida a lo que yo imaginaba que podría ser. Pensé que sería como caer repentinamente en un sueño profundo, pero era todo lo contrario. Sin ningún esfuerzo, la conciencia llegó tan grande, que le siguió el estado de “inconsciencia”. En el sueño se pierde el estado que llamamos consciente, pero esto era una conciencia mayor. La primera vez que entré en trance sentí como si fuera en una extraña vibración que zumbaba, una sensación indescriptible. No sabía cuánto tardaría, pudieron haber sido años o un segundo. Cuando “volví en mí”, la sangre de mi rostro se había drenado, pero me sentía maravillosa.

El habla se daba de vez en cuando y nunca más se me dificultó entrar en trance. Era como si al fin hubiera encontrado la habilidad para cruzar la frontera. Me di cuenta de que ahora era más importante que nunca mantener mi crecimiento, mi desarrollo y recordar siempre que este canal debía ser usado sólo para ayudar a las personas.

Después de la segunda vez que entré en trance, la ya familiar ayuda se manifestó hablando. “El Guía” (como más tarde llamaría a esta voz, para simplificar) ayudó y aconsejó. Al principio, cada cosa que se decía se escribía, después se usó una grabadora. Para entonces, ya no sentía que la sangre de mi rostro se drenara al salir de un trance. Al contrario, mis mejillas eran rosadas, me sentía y veía como si hubiera salido de un largo y refrescante sueño. Me sentía más energizada, más fuerte y más sana que antes.

El Pathwork inicia


Entre 1952 y 1955 prosiguió este entrenamiento sin que nadie más recibiera ayuda de este Guía. Se me dijo que aún estaba “lista”, pero que se me daría una señal de ciertas etapas. Me indicó que lo que seguía era extender mis actividades para ayudar a otros. La primera “luz verde” me fue otorgada en 1955. Se me señaló que continuara, pero que no ofreciera esta ayuda a menos que se me acercaran a pedirla. No podía imaginar cómo es que otros sabrían de esto, pero la ayuda siempre me era requerida y nunca tuve que mover un dedo para hacerla llegar a las personas. Al principio, se reunió sólo un pequeño grupo, a algunos de ellos no los había visto nunca. Cuando hicieron preguntas y pidieron ayuda al Guía, el tenor fue siempre el mismo: guía y consejo para auto-desarrollo y crecimiento personal. Se daban explicaciones sobre el propósito de la vida y la creación, mostrando la importancia del crecimiento personal de cada individuo.

Di sesiones grupales, entraba en trance sin tener idea de cuál sería el tema. Las conferencias, que al principio parecían temas aislados, empezaron a revelar una estructura definida, continuidad, planeación y previsión en la elección y evolución de los tópicos. Lo más increíble era que cada tema afectaba profundamente a un número de personas que cada vez más sentían que la conferencia era dictada “para ellos”.

De manera gradual todas mis facultades y habilidades mejoraron, fui capaz de ayudar a las personas de manera privada sin estar en trance, ya que venían de forma regular y en realidad trabajaba de acuerdo a los lineamientos de las conferencias. Para aquellos que vendrían una sola vez, aunque yo no lo supiera, era necesario entrar en trance.

En un momento dado, era claro que el estado de trance no era un fin en sí mismo, ni siquiera una meta deseable. Es un estado temporal y cada tipo de personalidad lo necesita para tocar la reserva del Ser Real, la Chispa Divina. Lo ideal es que esa comunicación ocurra en un estado de conciencia total. Pero, en algunas estructuras de personalidad y bajo condiciones específicas de la vida de algunas personas, evidentemente hace que el trance sea una forma más expedita de obtener esta comunicación. ¿Por qué es así en algunos casos y en otros no? No lo sé. Todo lo que sé es que mientras más crezco y me desarrollo, menos necesito el estado de trance. Esto es así, aunque mi desarrollo personal era igual de necesario para obtener ese estado. Cualquier proceso tiene que completar ciertos ciclos y fases. Tal vez había aprendido, al principio, a soltar y rendir mi voluntad externa y las facultades más superficiales de la mente. A través del estado de trance debió abrirse y destapado un pozo interior que, eventualmente, fluiría sin el trance.

Estoy muy consciente de que mi continua auto-búsqueda y auto-confrontación con humildad, no es la única llave para mi desarrollo personal, pero es mi responsabilidad para este trabajo. Sin este pre-requisito la vida dinámica que permea toda esta empresa cesaría y el Pathwork terminaría en donde tantas otras valiosas enseñanzas han terminado: en dogma muerto.

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La actitud de los participantes de una sesión de trance varía según sus personalidades. Algunos no tienen afiliación religiosa, son agnósticos o ateos cuando empiezan este trabajo. Tienen actitud despreocupada sobre la fuente de estas enseñanzas, pero están ansiosos de aceptar la ayuda que parece tan sensata y confiable. Se dan cuenta que es un fenómeno inusual, ya que todos los que me conocen un poco pueden ver que mi ordinario ser consciente no puede producir estas enseñanzas. Nunca he estudiado psicología ni metafísica y, si lo hubiera hecho, esto no explicaría tal serie de conferencias organizadas y planeadas, aplicables al trabajo psicológico interno profundo y desarrollo espiritual. Mis antecedentes no explicarían el diagnóstico preciso que reciben personas que no conozco y cómo se les muestran diversas maneras para ayudarlos a trabajar sus problemas más inmediatos.

Hay algunos que creen que El Guía es una personalidad que no vive en la carne, que tiene mayor conocimiento y sabiduría que la mayoría de los seres humanos y, desde luego, una cantidad inusual de amor, entendimiento, paciencia, compasión y empatía. Hay quienes creen que en el estado de trance, destapo una fuente de sabiduría universal dentro de mí que de otra manera yo niego. También hay quienes creen que El Guía es una mezcla de todas estas alternativas. No importa cual opinión o teoría se tenga, si es que se tiene alguna. Lo único que importa es tener una mente abierta, voluntad y valor para seguir el propio camino. Nada puede ser más recompensable.

Espero que, mediante estas conferencias, el lector encuentre el mismo camino hacia la libertad y plenitud que se ha ofrecido y continúa ofreciéndose a todos aquellos que desean emprender y aventurarse en este camino.